Alicia Salvatierra sigue siendo hoy la chica que me regaló a los 8 años la primera y única cachetada en mi vida. Había pasado demasiado tiempo desde aquel día y, aunque traté de olvidarme de aquello, papá buscó a menudo la manera de mantenerme al corriente sobre la hija de su jefe. Era obvio que lo hacía para ver cuál era mi reacción, pero yo traté siempre de no inmutarme al escuchar, por ejemplo, que la hija de su jefe ya pasaba a la secundaría; ¡si vieras cómo ha crecido! O que la hija de su jefe acababa de ingresar a la universidad; ¡pero qué linda está esa chica! O que la hija de quien fue alguna vez su jefe se había enamorado de un tipo bien plantao, de esos que levantan pesas.
Fue casualmente la tarde en que sepultábamos a papá que la hija de su ex-jefe llegó con el señor Salvatierra y se acercó a darme el pésame. Habían pasado casi 12 años que no los veía y fue como conocerlos de nuevo. Tanto así que no me había percatado de esas pecas inamovibles que tanto llamaron mi atención la vez en que nos vimos por primera vez. Pero ahí estaban ambos, el señor hablándome de lo buen empleado que fue papá durante los años que trabajaron juntos, y ella mirándome fijamente, preguntándose tal vez por qué si acababan de enterrarle al viejo no muestra signos de haber derramado una sola lágrima.
La verdad, desde que me llamaron para decirme que había muerto, sentí más cólera de no haberme despedido que tristeza por su muerte, le dije esa misma noche mientras bebíamos un café. Al principio tuve cierto temor de acudir a la cita, pero su padre insistió que lo mejor en estos casos es despejarse, así que acepté encontrarme con Alicia en Miraflores a las nueve en punto. Y ahí estaba ella, bebiéndose el primer Capuccino mientras esperaba que llegase el hijo recientemente huerfano que retrazado andaba por culpa del transporte limeño. Y ahí andaba yo, gritándole al cobrador bajo aquí nomás, mientras éste refunfuñaba aclarando que aquí no es paradero, chino.
Llegué sudando y casi me desanimo al no verla por ningún lado. Fue ella quien divisó mi desconcierto y alzó la misma mano con la que 12 años antes me había abofeteado, esta vez, felizmente, para decirme aquí estoy. Estaba llorando, como si fuese ella la del duelo, y tenía entre los labios un cigarrillo recién encendido. Disculpa, le dije, mientras le rodaba por la mejilla la penúltima lágrima. La última rodó un par de horas más tarde, antes de subir a ese taxi que la llevó rumbo al aeropuerto.
No entendía por qué debía enrrumbarse en ese avión si todo indicaba que dudaba hacerlo. Te tiene que pasar a ti para que lo entiendas, respondió. ¿Y tu padre está de acuerdo? Mi papá nunca dice nada, siempre ha dejado que yo decida mis cosas.
Tal vez porque sabía que no volveríamos a vernos o porque necesitaba desahogarse con alguien, esa noche me contó que la tarde de aquel paseo donde nos conocimos, sus padres habían tenido por la mañana una fuerte discusión. Ya por la noche cuando retornaron a casa mamá no estaba. Al principio pensé que se había ido donde la abuela, pero allá tampoco estuvo durante todo el día. Entonces culpé a papá de todo. Estuvo molesta por días, semanas, meses, e indignada durante el mismo tiempo porque nadie hacía algo por ubicar a su madre. ¿Y si le ha pasado algo?, se preguntó mil veces, pero todo seguía igual en casa.
Estuvo molesta más o menos hasta los quince años, que fue cuando su propia abuela, madre de su madre, la sentó y le dijo, ¿quieres saber qué pasó con tu mamá? La verdad, sentí mucho miedo de saberlo, pero si no la escuchaba no iba a poder vivir tranquila nunca. Esa mañana lloró con rabia y dolor, y después fue a buscar a papá al trabajo. Apenas supo que ya lo sabía, el señor Salvatierra la abrazó y lloró con ella también. Él nunca tuvo la culpa de nada y solito se las ingenió para salir adelante.
Y ahora tenía que ir a ayudarla. Hacía un par de meses, después de muchos años, que había recibido noticias de su madre. En la carta lamantaba lo sucedido y pedía perdón de rodillas, pero también de rodillas le pedía ayuda. El tipo con el que anduvo engañando a su padre y con el que se marchó no sólo era un prospero empresario de sabe Dios qué, sino además formaba parte de algo por lo que ahora estaba detenido dentro en una prisión en Texas. Y junto a él detuvieron también la madre de Alicia.
Estoy segura que el tiempo que tengo de visa no va a ser suficiente. ¿Volverás pronto entonces? No lo creo.
Alicia le escribió a su padre y él me llamó un día para decirme que tenía una carta de ella para mí. Ahí me contaba que las cosas estaban muy complicadas y que los abogados cobraban sumas millonarias. También supe que pudo recién ver a su madre cinco días después de llegar a Estados Unidos y que seguía igualita a la mañana en que se despidió de ella antes de verla por última vez. Finalmente me pidió disculpas por la noche del café, pero su intención no era hablar de sus problemas, sino recordar el incidente que tuvimos de niños y preguntarme qué tan cierto era lo de las espinas que tuvo que sacarme mi padre luego de caer en los cactus.
Tu papá, decía la carta, fue siempre muy chistoso, me andaba inventando novios para ver si tú te ponías las pilas, pero nada; el último, creo, resultó ser un fisicoculturista o algo por el estilo. Yo ni enterada que entre tu viejo y el mío andaban planeando un encuentro de ambos para resolver el problema de la cachetada. Si no estuviese acá, quizá ya lo habríamos resuelto. No sé, tal vez más adelante.
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NOTA: Pensé titular este post 'Reencuentro y despedida: Alicia ya no pega', pero luego de leer el comentario de Lemon Guy, también yo terminé preguntándome '¿Qué será de su vida ahora?'
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Hace 36 minutos
10 comentarios:
ya viejo, cómo fue la nuez? Ella regresó?
La haces más larga que chalina de jirafa..!!
Muerte a ArCaNo, por su comentario y nick sin originalidad.
Brillante el post. Tu blog es tan tierno que si fuera de chocolate, me lo comería.
Si eso te hizo algún sentido, a mí sí.
Esperaré contigo a que regrese la tipa, para seguir leyéndote.
Interesante como siempre leerte. Aunque tengo que ser sincera y decirte que me llamó mucho la atención el momento en que dices: "La verdad, desde que me llamaron para decirme que había muerto, sentí más cólera de no haberme despedido que tristeza por su muerte", al referirte a la muert de tu padre. Por un instante pensé que en ese contexto transcurriría la historia de Alicia. Pero creo que viniendo de tu parte, cualquier cosa se puede esperar. Sigue así!!!
Uhmmm pucha un final asi en incógnita no? y al parecer ella también te tenia presente ... hey tanto como tu a ella ... alucinante las foto q pusiste me encanto! a eso le llamo yo googlear con estilo.
tal vez tengan que pasar 12 años más para que sepas qué fue de su vida
ayayay..!!!, me condenaron a muerte sin siquiera un juicio sumario, ajajaja.
Ave GAD (señor del buen gusto y la originalidad), los que vamos a morir te saludamos..!!
Pero regresando al tema central, cuándo es la continuación de la historia?¿
Saludos poco originales,
Esto ya parce un ring de boxeo entre los comentaristas... creo que deberían limitarse a seguir la historia en vez de andar matando bloggers...
Mr 'mi blogger favorito'. Qué ha pasado contigo. necesito leer otra de tus historias, porque son tan buenas, que hace que el resto de blogs que sigo, palidezcan por falta de calidad.
Se te extraña.
Llevaba ya tiempo sin pasarme por tu espacio, pero compruebo que sigues igual de genial que siempre.
Saludos y buen fin de semana.
qué pasó contigo y como nos abandonaste así sin más. :(((((((
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